
Ahora,
que el sol no tiene sentido,
la miel venenosa que tantas noches fue testigo de que el alma existe
es mi aliada incondicional,
quizá la única que siempre tuve,
la que ahogará los recuerdos y mi existencia toda.
Ahora,
que los sueños develados en cartas y leyendas han desaparecido,
y que su lugar en el espacio será reemplazado sólo por oscuridad,
es que deseo en parte volverme aire sin memoria,
es que deseo en parte haber detenido el tiempo.
¿Cómo he de olvidar que sí he vivido?
¿Cómo olvidar que no deseo el olvido?
Explicaré entonces, a esas almas que rodearon alguna vez mi faz,
que desde hoy he congelado mi sangre con tu adios frío,
que desde ayer soy una estatua que observarán intrigados,
-una mezcla de dolor y de idiotez-
ydolidacomosiempredebiosermemiraréenelespejodeesosojos,
que no podrán huir de mí
sin haber antes existido.
Así he vivido.
Y así,
sólo con piedras grises en mi cuerpo
...
he muerto.

